En los últimos 20 años el mundo ha vivido un cambio revolucionario. iPhone, Facebook, Whatsapp, Instagram. El rol de las minorías, los movimientos sociales solidarios, el empoderamiento femenino. La moda sostenible, la revolución de la gastronomía, los vehículos enchufables.

 

Poco a poco, sin darnos cuenta, el mundo ha vivido una transformación absoluta. Y uno de los principales cambios afecta a la manera en la que nos auto definimos, nos consideramos, los usuarios. Ya no somos compradores.

 

Tampoco nos identificamos con el término consumidores. Hemos pasado de comprar objetos a comprar relatos de marca, storytellings y experiencias basadas en el respeto, la sostenibilidad, la proactividad y el compromiso.

 

Todo ha cambiado de una manera revolucionaria. Las marcas también lo han hecho, para ser parte activa de una era en la que los valores y motivaciones de la gente son diferentes a los de hace 20 años.

 

Y en este sentido el concepto centro comercial es un modelo del pasado, y el relato del futuro Garbera no encaja en este término. El futuro Garbera no va a ser un centro comercial. Va a ser un actor social con un rol transformador que innova para ofrecerte experiencias que mejoran tu plan de vida.

 

Porque Garbera no ha crecido de espaldas a la gente. Garbera ha crecido con nosotros. Es un lugar que tiene un fuerte vínculo emocional con la ciudadanía y se ha convertido en un espacio que, también, representa nuestra identidad cultural y social.

 

Por eso, Garbera no está haciendo obras. Garbera está repensando su futuro para seguir siendo relevante para los usuarios los próximos 25 años.

 

Y es que todo cambia radicalmente. Y ese cambio debe verse reflejado también

en el relato. En la historia que contamos. En qué y cómo lo comunicamos.

 

Debemos cambiar el eje desde el que comunicamos. Una obra es algo negativo. Pero una transformación para mejorar de una manera revolucionaria la experiencia que ofreces a la comunidad, es algo positivo.

 

No tenemos que hablar de una ampliación de Garbera. Tenemos que hablar de una gran transformación de la experiencia. No estamos poniendo una valla que te aleja. Sino que te acerca al futuro que viene. No se trata de hacer más grande el centro. Se trata de hacerlo más excitante, más sorprendente y más sostenible.

 

Se trata de dejar de ver compradores para empezar a ver usuarios de tu comunidad. Se trata de representar nuestra identidad cultural, no solo en momentos puntuales.

 

Se trata de gastronomía 2.0, no sólo de alimentación. De alejarnos del concepto “gigante de cemento” y pasar a ser una referencia en el escenario local de la eficiencia energética y la arquitectura sostenible. De dejar atrás el “síndrome de isla” para ser, física y emocionalmente, parte de la comunidad.

 

En definitiva, tu vida ha experimentado un cambio radical en los últimos 20 años. Garbera quiere seguir formando parte activa y proactiva de nuestra comunidad, y de tu vida, en los próximos 25 años.

 

Pero cambiar contigo no es algo que se consiga simplemente con una renovación del espacio. Implica  una transformación profunda en la manera de entender cómo eres hoy, y cuáles van a ser deseos y necesidades de mañana.

 

Por eso, para mejorar tu experiencia de vida de una manera relevante, y disruptiva, no basta con hacer una renovación. Tenemos que hacer un cambio revolucionario. Esa revolución ya ha empezado. Y va a cambiarlo todo.

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